Un presunto ex-ateo nos explica por qué abandonó el ateísmo. Sus razones en realidad son viejísimas mentiras, falacias lógicas gastadísimas y mucha propaganda pro-católica. No se debe esperar mucho rigor en anécdotas convertidas en libro, pero Josué Ferrer se voló la barda.Por ejemplo, en su sección de ciencia, ante el argumento de que ningún dios no ha podido ser demostrado científicamente, utiliza varios trucos. Primero minimiza la capacidad de la ciencia para resolver problemas. Segundo, compara la existencia de dios con las teorías de científicos incomprendidos y ridiculizados en el pasado. Tercero, hace uso de la analogía de dios y el amor, ninguno se puede demostrar científicamente (dice él) y ambos existen. Cuarto, intenta desacreditar con mentiras las teorías de la gran explosión y la evolución para favorecer la idea de la creación.
Esta colección de disparates no alcanza para comprender cómo alguien que supuestamente era ateo, ahora usa las mismas mentiras que los religiosos a quienes antes odiaba. Puede ser que el autor nunca fue ateo, (en sus primeras líneas suena como un creyente resentido), o es un religioso personificando a un ex-ateo. Es también poco creíble la historia de que un día se enamoró de una mujer muy religiosa y, como buena ovejita, volvió al rebaño.
Contrario a lo que anuncia en la portada, no contiene ni una sola evidencia de la existencia de dios. Eso sí, al final incluye montones de citas bíblicas y oraciones, sobre las que el autor escribe:
No te hablo de ninguna religión ni de ninguna iglesia. Tan sólo te hablo de Cristo.



